Talleres contra la desinformación: la Universidad Loyola forma a sus estudiantes de Comunicación en competencias de verificación de contenidos

Taller 1 ¿Qué es la desinformación?

 en tanto Paula Herrero, profesora e investigadora del departamento de Comunicación y Educación de la Universidad Loyola nos lo explica:

Bulo, rumor, mentira o fake news… son algunas palabras que, en los últimos cinco años, hemos integrado en nuestras conversaciones de manera natural, sin darnos cuenta de los peligros que ello supone: pérdida de confianza en los medios y dificultades para encontrar información creíble. Y, aunque todos somos vulnerables frente al engaño, especialmente en Internet, por las horas que invierten conectados, los jóvenes están más expuestos.

Para reducir los bulos que circulan frenéticamente por la red, en todas sus representaciones, y poder abordar con rigor este fenómeno, debemos comenzar por hablar con propiedad y conocer sus características (desde el conocimiento científico).

En primer lugar, según recomiendan los investigadores de universidades, los profesionales del periodismo y la Comisión Europea, no debemos emplear el término fake news como definición de noticia falsa porque es reduccionista, sino la palabra desinformación; definida como aquella “información falsa, inexacta o engañosa diseñada, presentada y promovida para obtener un beneficio o para causar intencionadamente un perjuicio público. La desinformación puede poner en peligro los procesos y valores democráticos y apuntar específicamente a diversos sectores, como la salud, la ciencia, la educación y las finanzas”.

En segundo lugar, dentro de este paraguas, encontramos distintos desórdenes informativos, eso que comúnmente hemos generalizado como fake, definidos en 2017 por Claire Wardlepara el proyecto First Draft

Desórdenes informativos First Draft, Wardle (2017) [/caption]

A la anterior taxonomía se añaden otras tipologías de engaño, camufladas bajo técnicas del marketing digital, como el clickbait, ese gancho –un titular o un formato visual llamativo– que sirve para atraer la mirada del usuario, cuyo contenido pocas veces coincide con la promesa por la que se hizo clic. 

Por último, las teorías de la conspiración también son consideradas un tipo de desinformación en tanto que tienen un interés por desorientar a la opinión pública, levantar sospechas sobre alguien o algo, generar ruido, u obtener algún beneficio. En la red han proliferado toda clase de argumentos alternativos –por lo general misteriosos y emocionales– que rebaten versiones oficiales, estudios científicos, informes contrastados, o datos empíricos.

 

Taller 6 SEO en tiempos de fake news

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Taller 3 Fake visuals: cómo nos engañan a través de la imagen

Los profesores del departamento de Comunicación y Educación Pablo Navazo y José Antonio Muñiz diseccionan en este taller las tácticas que se suelen usar a la hora de construir contenido falso a través de elementos visuales como la fotografía y las gráficas.

Si bien es cierto que la falsificación visual ha existido a lo largo de toda la historia, los profesores ponen el acento en las diferencias cuantitativas y cualitativas que han surgido en dicho fenómeno a raíz de la digitalización de la comunicación y de la vida contemporánea alrededor de internet y los dispositivos electrónicos. Así, la facilidad de creación y de propagación, así como la velocidad de esta última, no tiene parangón en ningún otro momento de la historia.

En cuanto a la taxonomía de técnicas desinformativas en relación con la fotografía, defienden que existen tácticas que se suelen usar antes de hacer la foto en sí o justo al hacerla, como preparar un decorado y hacerlo pasar por real, el encuadre que al dejar fuera información relevante cambia la verdad de los hechos intencionadamente, manipular la profundidad de campo, la angulación, etc.

Una vez hecha la foto, la lista de posibles manipulaciones va desde quitar o añadir digitalmente elementos no presentes en la foto original, hacer fotomontajes falsos y hacerlos pasar por verdaderos, distorsionar luz, sombras, color, etc., o descontextualizar una foto que en sí es verdadera y no ha sido manipulada pero, que al descontextualizarla, se le está dando otro significado completamente diferente, y falso.

En cuanto a los gráficos, las tácticas manipulativas son también frecuentes y múltiples, yendo desde el sesgo en la selección de datos, la comparación irrelevante y espuria entre dos variables, o la desigualdad entre escalas de dos realidades distintas, entre otras.

En resumen, catalogar las tácticas desinformativas visuales y difundir la taxonomía resultante, como defienden estos investigadores, puede ayudar a detectar más fácilmente la manipulación informativa cuando viene vehiculada o acompañada de elementos visuales. Hay herramientas en la red, cada vez más desarrolladas, que pueden ayudar a la detección de imágenes falsas o falseadas, es cierto. Pero más allá de las herramientas o instrumentos concretos, la concienciación y la responsabilidad como ciudadanos, es el elemento clave en la lucha contra las fake news. Hace falta más responsabilidad para no consumir contenido falso o sospechoso, sin contrastar. Pero sobre todo para no compartirlo, y evitar así convertirnos también cada uno de nosotros en agentes tóxicos y contagiadores de esta pandemia desinformativa que nos rodea.

Taller 4 Infodemia y encuadres de la desinformación

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Taller 2 Beneficios (económicos) de la mentira

El profesor David Varona Aramburu, nos explica que, a menudo pensamos que la desinformación, las noticias falsas, tienen solo un interés político o desestabilizador. Y es cierto, muchas veces las llamadas ‘fake news’ tienen intención política o buscan generar algún tipo de influencia, confusión o ruido desestabilizador. Sin embargo, no olvidemos que, en la mayoría de las ocasiones, sencillamente son un buen negocio.

Hacer noticias falsas es prácticamente gratis y gracias a Internet se pueden monetizar y convertir en ingresos. Habitualmente, se ha culpado a las redes sociales -especialmente a Facebook- de propiciar este negocio. De nuevo es cierto: Facebook permite que las noticisa falsas circulen e incluso cobrar por ello: los creadores de desinformación contratan publicidad en esta red para difundir sus productos. Sin embargo, Facebook no es el único eslabón de esta cadena: en el proceso de monetizar las noticias falsas, entran en juego las plataformas de publicidad digital, con Google y su programa Google Ads a la cabeza. Por tanto, su responsabilidad también es alta.

Por otro lado, estamos viendo formas cada vez más sofisticadas de producir noticias falsas, con montajes muy organizados y construidos sobre redes de webs falsas, programación neurolinguística y ‘deep fakes’. Toda una industria muy lucrativa al servicio de la mentira. 

 

Taller 5 Cómo verificar información dudosa con EFE verifica

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